| Autor:
Dr. Josué Isaac Berman |
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Presidente
de
la Comisión
de Estudios sobre Comercio
Exterior y Organizaciones Regionales |
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| En
teoría, los primeros beneficiarios de una devaluación
son los exportadores. Pero la ausencia de perspectivas
estables en las reglas de juego y la falta de
financiamiento tornan ilusoria la reconstrucción rápida
de las cadenas de valor de los sectores productivos. |
A
partir del abandono de la paridad fija de la moneda
nacional, los precios relativos de los bienes y
servicios han comenzado una ronda de ajustes, reflejo
de una secular necesidad de reacomodamiento, y una
puja de los sectores por beneficiarse de una
redistribución de los ingresos. El Estado se ha hecho
presente, interviniendo mediante regulaciones de
diversa índole con el objetivo enunciado de repartir
beneficios y cargas de manera supuestamente más
equitativa, generando así distorsiones y efectos no
queridos, los que han motivado rondas sucesivas de
nuevas medidas y ajustes.
Se estima una balanza comercial
crecientemente positiva, más por la disminución de
las importaciones encarecidas y dificultadas que por
el esperado aumento de las exportaciones.
Un reciente estudio de Rozemberg y
Svarzman, conocido a través de la prensa, muestra cómo
la devaluación genera beneficios sectoriales de
incidencia variable, en función de la dependencia de
insumos importados, y señala el efecto de las
retenciones, cuya reaparición, después de un
alargado espectáculo de tira y afloje, permite
entrever la desorientación doctrinaria y la debilidad
política del gobierno, falencias ambas que todos
querríamos estuviesen superadas.
La falta de perspectivas estables en las
reglas de juego y la carencia de vías de
financiamiento tornan ilusoria la reconstrucción rápida
de las cadenas de valor de los sectores productivos,
los que ahora muestran la desaparición de muchos
eslabones, que oportunamente sucumbieron frente a la
competencia de la importación. De esta paulatina
sustitución de exportaciones también podríamos
esperar una mejoría en la balanza comercial, pero su
concreción está sujeta a la recreación de la
demanda local, hoy pauperizada en el nivel de los
consumos imprescindibles, con notoria baja en las
cantidades y deterioro en las calidades de los bienes
y servicios requeridos. Mientras no tengamos una
demanda local importante que permita alcanzar la masa
crítica que nos haga competitivos, no podremos salir
a ofrecer exportaciones de mayor valor agregado, al
cual podamos integrar nuestra mano de obra calificada
que facilite la diferenciación de nuestros productos
en los mercados mundiales.
El panorama mundial no es alentador. Se
suceden los amagues y actos de feroz competencia
comercial, con la utilización de muchas herramientas
propias del comercio desleal internacional. Los países
más desarrollados destinan mil millones de dólares
por día (sí, no es un error: más de 365 mil
millones de dólares anuales) al otorgamiento de
apoyos y/o subsidios que repercuten negativamente en
las posibilidades de que los países menos adelantados
puedan generar, a través de sus exportaciones, las
divisas necesarias para afrontar el pago de sus
importaciones, más los compromisos resultantes de su
endeudamiento. El efecto es el de una bola de nieve:
se impide a los países endeudados salir de su deuda,
obligándolos a recurrir a un financiamiento externo
creciente, lo que deteriora su calificación y
encarece sus costos, y engruesa la deuda.
El máximo responsable de la OMC, Mike
Moore, fue contundente cuando, hace pocos días,
calificó de hipócrita la posición de los países más
avanzados que, a la vez que aplican medidas de
protección y barreras artificiales al comercio
abierto, pretenden que los países en desarrollo
permanezcan adheridos a los principios de la
democracia.
No debe renunciarse a ningún foro, y es
en las rondas multilaterales en curso donde nuestro país
debe seguir activo, como hasta ahora, para que a los
poderosos lobbies internos de los países de la OCDE
puedan imponerse los principios a los que sus miembros
se han comprometido. No queremos seguir pidiendo préstamos
y más préstamos. Requerimos que se nos otorgue la
oportunidad de poder cancelar nuestras obligaciones
con el fruto del trabajo y el ingenio de nuestras
unidades de producción primarias, industriales y de
servicios.
Un Proyecto Nacional
Exportador convocante, orgánico y efectivo
Constituimos un reducido grupo de especialistas en la
materia los que somos permanentemente convocados por
funcionarios, agrupaciones empresarias y prensa para
resolver el intríngulis del comercio exterior
argentino. No hay disensos significativos entre
nosotros, ni oposición en los círculos de opinión
ya pertenezcan a la economía real o a la
academia-; el problema es que el comercio exterior es
siempre sacrificado en el altar de algún becerro de
oro de la coyuntura: puede ser el dios de la
convertibilidad, la deidad del equilibrio
presupuestario, o cualquier otra divinidad a la que
nuestra economía haya entregado su alma en cada
oportunidad.
Es hora de ponernos serios y encarar un
Proyecto Nacional Exportador con visión de largo
plazo, que encauce nuestras innegables potencialidades
y las transforme en actividades generadoras de
riqueza.
Este Proyecto debe satisfacer cuatro
pautas fundamentales: generar una política
consensuada por todos los sectores; concentrar todos
los recursos dispersos y liberar las correspondientes
sinergias; desarrollar un servicio integrado de
inteligencia comercial para que gobierne las acciones
a desarrollar; implementar con racionalidad y
permanencia las acciones requeridas.
Principio básico es la existencia de
una definición de voluntad política expresada a través
de la sanción legislativa del Proyecto Nacional
Exportador, que incluya la permanente consulta y
participación de las provincias y el sector privado;
y un posterior compromiso del máximo nivel ejecutivo
nacional.
Una adecuada planificación y la
consecuente distribución de roles y funciones deberían
permitir los beneficios de la coordinación de muy
valiosos recursos estatales que hoy lucen dispersos;
entre ellos podemos mencionar: Cancillería, Fundación
ExportAr, ministerios de la Producción, de Economía,
SEPyME, Secretaría de Turismo, Fundación Invertir,
BICE, CFI, Fontar, INTI, INTA, provincias, municipios,
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Banco Ciudad de
Buenos Aires, etc.
El "cerebro" del Proyecto
debería estar concentrado en una unidad de trabajo
que integraría el esfuerzo conjunto mediante un
servicio de inteligencia comercial. Allí debería
afincarse una base de datos sobre nuestra oferta
exportable; realizar la identificación de las
demandas potenciales (por sectores/países); elaborar
perfiles de mercado; recolectar y generar la información
requerida para las negociaciones bilaterales,
regionales y/o multilaterales en que intervengan
nuestros funcionarios; y asegurar la actualización,
disponibilidad y transparencia de toda la información
disponible. En esta unidad de trabajo también debería
desarrollarse una labor permanente de análisis de
identificación de factores sectoriales clave, que
permita proponer las acciones requeridas en cada
cadena productiva para obtener competitividad
internacional. En tal sentido, podemos citar dos
antecedentes interesantes: el PRIES - Programa de
Investigaciones Económicas Sectoriales-, bajo la
Dirección Académica del autor de esta nota,
realizado en el año 2000 por convenio entre la
Facultad de Ciencias Económicas UBA y el Gobierno
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (SICyTr), y el
estudio (en julio de 2001) producto del Convenio
SAGPyA - FAUBA (Programa de Agronegocios y Alimentos
de la Facultad de Agronomía UBA) sobre
Competitividad de las Cadenas Agroalimentarias y
Agroindustriales. Ambos son buenos ejemplos de cómo
obtener información relevante la que ahora debería
ser objeto de seguimiento permanente o estar periódicamente
actualizada.
La cuarta pauta está vinculada con las
acciones a implementar. Son muchas y todas muy
importantes. Si bien sería un exceso de audacia
pretender que cualquier enumeración fuera completa,
ello no me excusa de completar la presente propuesta.
Con tal advertencia, sigue aquí un listado de
acciones requeridas: difusión interna nacional
permanente de la marcha, servicios y requerimientos
del Proyecto Nacional Exportador; análisis, generación
y promoción de una imagen de "marca país";
implementación de una política de calidad;
planificación, concreción y seguimiento de acciones
promocionales externas; apoyo especial para el
consorciamiento y los clusters; plan permanente de
capacitación, que integre el sector privado y
funcionarios; servicios individualizados de apoyo tipo
"incubadoras"; desarrollo de un sistema de
financiamiento y seguros para el sector; simplificación,
transparencia y continuidad tributaria y aduanera.
Finalmente, cabe señalar que es requisito
indispensable, para respaldar cualquier plan que se
oriente a la exportación, el aseguramiento de la
continuidad de la eficaz y crecientemente activa
presencia negociadora de nuestra Cancillería, cuyos
funcionarios han conseguido desarrollar, en un marco
de escasez de recursos, políticas positivas en todos
los foros internacionales, muchos de cuyos frutos ya
comienzan a vislumbrarse.
Tenemos capacidad y talento. Ahora se
requieren, en cada campo, decisiones adecuadas detrás
de las cuales encolumnarse, y poner así a la
Argentina en el lugar que sus potencialidades
prometen. Para nuestro comercio exterior, la puesta en
ejecución del Proyecto Nacional Exportador, aquí
propuesto, es la herramienta adecuada para la acción. |
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