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Marketing y recesión

Autor: Dr. LA José Antonio Ficarra
Presidente de la Comisión de Estudios sobre Comercialización
Soluciones nuevas para problemas nuevos. El autor de este artículo invita a repensar todas las herramientas tradicionales del marketing. "Hay que pensar en el cliente y ponerse en el lugar de él. El cliente se ha vuelto y se volverá cada vez más racional. No se trata solamente de reducir precio", sostiene.
Parece ser que se están produciendo situaciones harto difíciles para poder relacionar el marketing con el consumo tradicional. Las modificaciones en los hábitos de consumo afectan pronunciadamente a la política de comercialización que venían realizando los empresarios.

Pero esto no es nuevo. Se ha acentuado en el curso del año por el impacto de la devaluación.

El incremento de los precios por el efecto de la pérdida del poder adquisitivo de la moneda ha dado como resultado una traslación, en la decisión de compra, a otras marcas que ofrecen menores precios. Si a eso se le suman las abstenciones propias, producto de la recesión, se advierte un panorama crítico para que las empresas puedan poder vender cómodamente sus productos.

Se acabó la fidelización, no solamente a las marcas, sino también a los lugares de compra. Las personas compran donde les conviene. Salen a comprar ofertas del día o de la semana, y el presente es tan incierto como lo que vendrá.

Obviamente que esta situación lleva a las empresas a pensar cómo solucionar su participación en el mercado cada vez más negativa y, por el contrario, positiva en favor de las segundas marcas.

Hay varios puntos de vista a tener en cuenta. Si las empresas han sido líderes en el mercado en función de un precio bajo, no van a tener muchos problemas. Lo seguirán siendo pero con un alerta importante y con la posibilidad de perder su liderazgo si no adoptan una decisión basada en una política de precios centrada en sus costos de producción: reducir a la mínima expresión sus costos para seguir compitiendo. Se puede dar el caso de que no sólo una empresa sea líder en costos, sino que tenga una marca reconocida, por lo cual seguirá manteniendo su liderazgo como consecuencia de estos dos factores, un resultado, posiblemente, de su economía de escala.

Las megamarcas seguirán siendo marcas líderes en el futuro; las marcas de los nichos bien posicionados se mantendrán, pero las marcas que van a tener más problemas son las que están en el medio.

Muchos productos que tienen componentes o insumos importados deberán analizar cómo suplir, si es posible hacerlo, lo importado por lo nacional. Es el caso de "Coca Cola", que piensa volver al envase de vidrio para su bebida a comercializarse en el ámbito de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Esto lo venía haciendo en algunos lugares del interior del país.


Sectores más complicados

¿Cómo hacer en el caso de aquellos productos que no pueden competir por precio? Aquí la problemática se torna un poco difícil. No se trata de sacar, obviamente, un producto del mercado, pero sí de analizar la posibilidad de que, ante el incremento de ventas de las segundas marcas, se puedan lanzar nuevos productos que satisfagan las mismas necesidades, pero dirigidos a un segmento donde no estaban compitiendo, que es el de los consumidores que compran por precio en desmedro de la calidad.

A las marcas que se destacaban en el mercado hay que sostenerlas. Siempre hay consumidores para ese segmento. Obviamente que cada vez son menos, pero hay que pensar que la empresa puede tener un nuevo posicionamiento con sus segundas marcas que le permita sostener a las primeras.

Los consumidores tienen tendencia a comprar envases más chicos, es decir, de menor contenido. El fraccionamiento favorece a ambas partes. Es más caro, proporcionalmente, un envase de 500 gramos que uno de un kilogramo. Y es más rentable para el productor un envase de 500 gramos que uno de 1000 gramos. Incluso el fraccionamiento es aconsejable dado que los consumidores o usuarios han cambiado la costumbre de realizar compras mensuales o quincenales, y vuelven a hacerlo en forma más frecuente, muchas veces a diario.

Si bien se impone un mercado cuyos demandantes compran por precio, estos consumidores están momentáneamente satisfechos. Constituyen un mercado inestable antes de pasar a sus marcas deseadas, pero esa inestabilidad se está sosteniendo en el tiempo con la posibilidad de tornarse estable.

También hay que tener en cuenta que muchos clientes consumen ahora menos que en épocas normales. La racionalidad en la compra pasa por no dejarse llevar por los impulsos y el control de los deseos del consumidor. Por otra parte, se hacen muy evidentes las exigencias de los clientes. Si bien buscan productos de menor precio, encima quieren calidad.


Nuevas recetas

Las viejas recetas eran buenas para un mercado en expansión. Un buen piloto de tormentas es aquel que tiene las habilidades para poder superar los conflictos que se le presentan. Nadie puede conducir hacia el futuro con el piloto automático.

Los conflictos para el marketing han llegado. Se necesitan buenos pilotos de tormentas para poder pasar este temporal, que va a durar, según los pronósticos, más de lo que pensamos.

Cada vez se hace más notorio que las variables del marketing mix son incontrolables.

Pensemos entonces que las soluciones pasan por lograr ventajas competitivas y saber cómo formarlas. Los bloques más genéricos en la formación de ventajas competitivas pasan por la eficiencia, la calidad, la innovación y la capacidad de poder satisfacer a los clientes.

Soluciones nuevas para problemas nuevos. Hay que pensar en el cliente y ponerse en el lugar de él. El cliente se ha vuelto y se volverá cada vez más racional. No es solamente reducir precio. Es saber cuál va a ser la conducta del cliente para satisfacer una determinada necesidad.

Derek Abell sugiere que una empresa debe definir su negocio en tres dimensiones: cuáles son los grupos de clientes, cuáles son sus necesidades y cómo se satisfacen esas necesidades.

Una empresa no puede corresponder a las necesidades de sus clientes a menos que los conozca.

Hay que motivar a la organización desde adentro, estructurar las actitudes del trabajador y de toda la empresa para conseguir los mecanismos para llevar a los clientes hacia esa organización. Es decir que la definición del negocio pasa por la orientación al consumidor, y se deben poner en práctica todas las habilidades necesarias para poder llevarlo a cabo.

La estrategia y el plan de marketing cobran vigencia ante un mercado cada vez más competitivo. Si los empresarios piensan en el corto plazo, podrán generar ingresos que les permitan seguir sobreviviendo, pero no es ninguna garantía en el mediano plazo.

No solamente hay que invertir en bienes, hay que invertir recursos en estrategia.

La estrategia, posición que adopta una compañía con relación a la fijación de precios, logística, distribución, comunicación y diseño de su producto, puede representar un rol importante en el aumento de su eficiencia.

Hay que tener control sobre los recursos, sobre las eventualidades, sobre la información, y fundamentalmente habilidad para poder enfrentar situaciones de incertidumbre.


Radiografía del consumo masivo

Los que están soportando una caída notoria en sus ventas son los hipermercados y los supermercados clásicos. Para muchos, ir al supermercado implicaba hacer sus compras, pero también un paseo: comodidad, estacionamiento gratis, novedades, calefacción o refrigeración, envío a domicilio, pago con tarjeta y acumulación de puntos. El atractivo de pagar con tarjeta de crédito ya no existe en virtud de los altos intereses por su financiamiento.

Hay una traslación de clientes de estos supermercados a los discounts, que ofrecen, en su mayor parte, productos de segundas marcas y de menor precio.

También son más frecuentes las compras en las ferias municipales y en los negocios de la zona. Esto se ha visto influido por el hecho de que muchos negocios barriales han vuelto a la clásica y olvidada libreta ("venta al fiado") para aquellas personas que son de conocimiento de los comerciantes y tienen solvencia de pago.

Según una encuesta realizada por ACNielsen, el 82% de las personas compra en nuevos lugares o en sitios adonde antes iba poco. Los negocios de barrio han subido al 16%, mientras que los súper e híper bajaron al 29%

También indica la consultora que el 85% de los argentinos cambió de marca por la crisis.

El cambio es vertiginoso. Vivimos el cambio permanente. Pero ha llegado para el marketing un cambio de actitud. Actitud hacia las marcas baratas, actitud hacia las marcas propias. Actitud de los consumidores y hacia los consumidores.

La clave de buenos precios de mercado es decidir a quién se quiere vender el producto y qué van a pensar los clientes de ese producto. Cada producto deberá tener el precio que los clientes están dispuestos a pagar.
Los mercados para clientela de bajos ingresos no dejan de ser rentables para los empresarios. Se requiere definir bien el segmento al cual apuntar.


Con un buen desarrollo del producto y a bajo precio las alternativas de rentabilidad son viables.

Estamos ante la presencia de un mercado pobre, destruido y al que hay que resucitar. Posiblemente, como dice Kotler, mucha más gente en el siglo XXI escoja ser pobre y no está hablando de la Argentina. Es un fenómeno que se empieza a visualizar en el mundo entero y que ataca más o menos según las defensas que se tengan.

El reto es para los hombres de marketing, que deberán crear posibilidades de reactivación y analizar cómo encajar en un mercado recesivo. A nosotros va dirigido ese desafío.

Rowan Gibson dice que lo cierto es que el futuro no será una continuación del pasado, sino una serie de discontinuidades. Si aceptamos esas discontinuidades, tendremos alguna posibilidad de éxito.

El marketing deberá pensar y predecir el futuro. Asomar la cabeza y ver qué pasa afuera. Obviamente que se precisa de una buena conducción económica y una reactivación para salir adelante. Pero hoy estamos ante una realidad, un mercado recesivo, y todos los esfuerzos deben canalizarse para sobrevivir o morir.

Fecha de publicación: 05/07/02

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