Balance y perspectivas de la economía argentina

Cuestionario

1. ¿Cómo observa el comportamiento de la economía argentina durante 1998, en el contexto de la crisis internacional?

2. ¿Cuáles son, a su juicio, las perspectivas de nuestra economía para el próximo año?

3. A más largo plazo, ¿considera que la crisis financiera internacional deja alguna enseñanza para la economía argentina?


Dr. Roberto Alemann

1. La economía argentina demuestra una sensible vulnerabilidad a las crisis internacionales por su deuda pública relativamente elevada, vinculándola con el gasto público y la poca disposición del mercado de capitales local para financiar sus vencimientos y sus intereses.
El gasto público consolidado a nivel nacional, provincial y municipal, neto de transferencias de la Nación a las provincias y de éstas a las comunas, supera los $ 80 mil millones por año.
El déficit por todo concepto en los tres niveles, incluyendo rubros no contabilizados como tal en las cuentas públicas, bordea los $ 6 mil millones, que induce el endeudamiento exterior por el defecto doméstico en financiarlo.
Ello agrava la vulnerabilidad.
Además, el ahorro nacional, aunque creciente, es insuficiente y sigue colocado en buena medida en activos externos, que se sustraen a las inversiones locales.
Las exportaciones de bienes y servicios, ya superiores a u$s 30 mil millones por año, resultan insuficientes para afrontar el pago de las importaciones, otras deudas privadas y el servicio de la deuda pública externa.
Ello obliga a la atracción de fondos del exterior con su impronta de elevados intereses.

En esas circunstancias, las crisis internacionales repercuten sobre la economía nacional.
Sucedió tras la devaluación mexicana de diciembre de 1994, que indujo retiros masivos de depósitos de ahorristas nacionales y extranjeros, lo cual generó una profunda recesión con la caída del producto bruto interno de casi 6% en cuatro trimestres.
La crisis cambiaria de Hong Kong en octubre de 1997 apenas hizo subir transitoriamente las tasas domésticas de interés, sin mayor repercusión sobre la actividad.
Y la crisis de Rusia, tras la cesación de pagos de la deuda soberana y la devaluación del rublo en agosto de 1998, generó una brusca suba de las tasas de interés, porque los ahorristas argentinos y extranjeros vendieron los bonos públicos y produjeron un gran diferencial de rendimiento con bonos exteriores de igual duración, que repercutió sobre las tasas internas de interés.
En consecuencia, la actividad económica bajó su crecimiento a menos de la mitad del primer semestre.

2. Si no ocurre ningún hecho internacional ahora imprevisible que repercuta sobre nuestras tasas de interés, cabe esperar que la reciente crisis no durará más de cuatro trimestres, agotándose en el segundo trimestre de 1999, sin que se experimente recesión con caída del PBI, sino apenas una reducción del crecimiento.
La economía conlleva robustas fuerzas que propenden al crecimiento, como el aumento continuado de la productividad, el elevado ritmo de las inversiones directas en equipos, inmuebles y servicios, la construcción de la mano de los créditos hipotecarios y la expansión de la agricultura, la minería y las exportaciones industriales.
Esos factores renacen con vigor en cuanto amainan las crisis externas.

3. En mi opinión, que no es compartida por la clase política argentina, las crisis internacionales demuestran que la vulnerabilidad argentina enraíza en el déficit fiscal, que impide al país alcanzar el "grado de inversión", eleva el nivel de las tasas de interés, deprime los salarios y aletarga muchos programas de inversión que resultarían rentables con tasas de riesgo-país y de interés más comparables con los países altamente industrializados.
Erradicar el déficit fiscal es, a mi juicio, primera prioridad de la política económica, de modo tal que la totalidad de la capacidad contributiva del país debería dedicarse a la supresión del déficit público.
Sólo cuando se generen sobrantes, podrá examinarse si conviene bajar impuestos, aumentar gastos o reducir la deuda pública.
Esas no son las prioridades de la clase política que gobierna en los tres Poderes Públicos, toda vez que prefieren aumentar gastos y bajar impuestos antes de equilibrar las cuentas públicas, sin reducir la deuda pública.
Esa política conlleva costos sociales de gran injusticia como los bajos salarios y las elevadas tasas de interés en espejo macroeconómico, y recarga a las generaciones por venir con el servicio gravoso de la deuda pública.


Dr. Aldo Ferrer

1. La crisis financiera internacional iniciada a mediados de 1997 en varios países de Asia, sólo ha provocado problemas serios en las economías en desarrollo que han desregulado sus mercados financieros.
Entre ellas se encuentra la Argentina.
En el resto del mundo, la crisis ha tenido efectos marginales.
En efecto, en los Estados Unidos y la Unión Europea el problema se sintió en las cotizaciones de valores y en los problemas puntuales de algunas entidades financieras, como un fondo de inversiones de cobertura norteamericano o algunos bancos europeos excesivamente expuestos en los mercados emergentes con problemas, incluyendo Rusia.
En el total del mercado financiero internacional (préstamos bancarios y operaciones de inversores institucionales), las operaciones con los países en desarrollo y economías en transición, representan el 10% del total.
El 90% corresponde a operaciones dentro del bloque Estados Unidos-Unión Europea-Japón.
Aquí no hay problemas serios y la economía sigue creciendo a tasas apreciables.
El único país con dificultades es Japón, pero por razones anteriores a los recientes acontecimientos.

Dentro del mundo en desarrollo, en los países que no desregularon sus sistemas financieros (como China, India y Taiwan), el efecto de la crisis ha sido marginal.
Estos países siguen registrando altas tasas de crecimiento.
La crisis afecta profundamente a los países en desarrollo que han desregulado sus mercados financieros: en Asia, principalmente Indonesia, Tailandia y Corea y, también América Latina, incluyendo la Argentina.
En varios de estos países, el cambio de expectativas de los mercados provocó una salida de fondos, devaluaciones masivas y caída de las cotizaciones bursátiles.
En todos se registra una caída del nivel de actividad, aumento del desempleo y deterioro social.
Dentro de este último grupo de países, algunos de Asia, principalmente Corea, antes de la situación actual habían crecido rápidamente y transformado su estructura productiva hasta convertirse en naciones industriales emergentes.
En estos casos, la crisis seguramente será pasajera.
En América Latina será más prolongada porque la crisis financiera coexiste con otra estructural.
Vale decir, con economías dependientes de las exportaciones de productos primarios, de bajo nivel de ahorro interno, extraordinaria concentración de la riqueza y graves condiciones de pobreza y marginalidad.

Argentina se ubica en este último escenario.
En el curso de 1998, logró evitar la fuga de capitales y la devaluación.
Pero se ha instalado una tendencia declinante en el nivel de actividad, aumento del desempleo y mayor deterioro del bienestar.

2. La tendencia recién señalada se prolongará el año próximo.
El nivel de actividad en nuestro país está atado a los movimientos de capitales externos y su efecto sobre la base monetaria y el crédito.
No hay perspectivas a corto plazo de que vuelva a producirse un ingreso importante de fondos que reactive el gasto y la actividad productiva.
De tal manera que probablemente el año próximo el producto bruto interno se mantendrá en un nivel semejante al actual, con aumento del desempleo.
Esto en el mejor de los casos, si no estalla, lo cual no es ahora previsible, una crisis de confianza como la ocurrida en 1995.

3. La presente situación vuelve a revelar las falencias de una estrategia que asocia incondicionalmente al país a la globalización financiera internacional y a las expectativas de los mercados.
Para transmitir buenas señales y cumplir los compromisos asumidos con el FMI, el Gobierno ha iniciado una política de aumento de impuestos y reducción del gasto con aumento de la tasa de interés.
El objetivo es disminuir el déficit.
En la práctica, la experiencia revela que esa estrategia aumenta el déficit, porque la contracción de la recaudación es mayor que la del gasto.
En tales condiciones, a su vez, el equilibrio del balance de pagos se recuperaría por la recesión y la caída de las importaciones.

La enseñanza que debe extraerse es que el desarrollo del país, el empleo y el bienestar, dependen esencialmente del aumento del ahorro interno y la inversión, la expansión de las exportaciones a través de la generación de ventajas competitivas y la elevación del bienestar a través del aumento del empleo y políticas sociales activas.
Suponer que el país puede crecer y las condiciones sociales mejorar a través de la inserción incondicional en la globalización es, como lo vuelven a demostrar los hechos actuales, una fantasía que terminan pagando los sectores mayoritarios de la sociedad argentina.


Lic. Jorge Remes Lenicov

1. La fortaleza relativa de nuestra economía es significativa si comparamos su desempeño con el resto del mundo.
Nuestro crecimiento será de 4,6/4,8% en 1998, contra 2,1% del mundo, 2,2% para los países en desarrollo y 2,7% para América Latina.
Estamos creciendo, entonces, a un ritmo que duplica el del resto del mundo.
El volumen de nuestras exportaciones aumenta, a pesar de la caída de precios internacionales y la flojedad de la demanda global.
Tenemos un sistema bancario mucho más sólido que cuando el Tequila y mejor cobertura para nuestras necesidades fiscales.
No ha habido fuga de depósitos y de capitales y todos entienden que los problemas de alguna institución bancaria no afectan a la salud del sistema.

2. No es fácil precisar un número; ello se debe a la incertidumbre internacional (a pesar de las buenas noticias a partir de octubre) y al desarrollo del plan de reformas en Brasil.
Con nuestro gran vecino somos socios, “en las buenas y en las malas”; así como nos hemos beneficiado varios años con “las buenas”, nos toca ahora comprenderlos y seguir acordando caminos conjuntos “en las malas”.
Si no hay “catástrofes” externas, hay bastante coincidencia en que podremos crecer hasta un 3,5% (y no menos del 1%) en 1999.
Como hasta hace poco lo hemos hecho al 7/8%, el cambio será duro.
Por eso debemos apelar, con responsabilidad, a los instrumentos disponibles para atemperar la crisis.
Algunos ejemplos:

Crediticio: reducción de encajes bancarios para mejorar la liquidez y poder sostener los niveles de créditos pre-crisis a las PyMEs.

Fiscal: más firme control de la evasión y el gasto corriente y, a la vez, impulso de políticas compensatorias (anticrisis) usando los recursos a obtener de la venta (o prenda, si el precio no es bueno) de las acciones remanentes de YPF y otras empresas privatizadas, para regularizar las devoluciones impositivas a exportadores, ponerse al día con los proveedores y subsidiar la tasa de interés que pagan las PyMEs.
El compromiso es devolverlos cuando se recupere el ciclo, de manera de conformar un Fondo Anticrisis.

Laboral: reducción de cargas patronales sólo a bienes transables.

Comercial: uso más agresivo de los márgenes de acción permitidos por la OMC (acción aduanera, medidas antidumping, cláusulas de salvaguardia y derechos compensatorios).

3. Creo que nos deja varias y muy importantes.
A mi juicio:

Mayor conciencia acerca de la necesidad de aumentar el ahorro interno, para poder crecer con menos sobresaltos.

Reforzar la disciplina y eficacia fiscal, para reducir el peso de la deuda pública y poder constituir un Fondo Anticrisis.

Disponer de estudios sobre los efectos de los fenómenos externos sobre la economía real, para poder diseñar estrategias preventivas.
Así como se avanzó mucho en las prácticas prudenciales en el sistema financiero y se mejoró en lo fiscal, es necesario pensar mecanismos preventivos en los sectores reales.


Dr. Adalberto Rodríguez Giavarini

1. La economía argentina logró superar el aspecto más dramático de la crisis financiera internacional: el aumento de la aversión al riesgo que se produjo luego del “default” de Rusia.
La prima de riesgo- país, que ascendió abruptamente 700 puntos entre el 31/7 y el 31/8 (de 400 a 1150 puntos) se normalizó con razonable rapidez, llegando a 600 puntos a mediados de diciembre, aunque todavía excede ampliamente los niveles del primer semestre del año.

Pese a ello, los efectos indirectos de la crisis se han hecho notar en el segundo semestre, particularmente por la caída en los precios de los “commodities” y las limitaciones para acceder las empresas privadas y el propio Estado a los mercados internacionales en condiciones razonables de plazo, tasa y monto.

Ello ha repercutido en un aumento de incertidumbre y en una caída de la demanda interna, desatando un circuito de mayores inventarios, caída en la producción industrial, etc.
Los depósitos se encuentran estancados desde julio y lo propio ocurre con la capacidad prestable.

El punto más sensible es el efecto del enfriamiento de la economía sobre los ingresos tributarios; el desequilibrio excederá el comprometido con el FMI para el último trimestre.

2. En 1999 la economía argentina deberá adecuarse a una menor participación del ahorro externo en su financiamiento; en otros términos ello equivale a decir que el déficit de cuenta corriente deberá ser menor al de 1998.

El dilema es que no debe esperarse una recuperación significativa en los precios de los “commodities” para 1999.
Además es obvio que habrá menor demanda desde Brasil por productos argentinos; en consecuencia, en el mejor de los casos las exportaciones de 1999 serán similares a las de 1998.
Por lo tanto, el peso del esfuerzo para disminuir el déficit comercial y adecuarse a la menor disponibilidad de financiamiento externo pasará por una reducción de las importaciones en relación a los niveles de 1998.
Por ello, el crecimiento de la economía en 1999 no superará el 2% como promedio anual (aunque a fin de año se podría estar creciendo a un ritmo del 4% anual).

Esta adecuación de la economía argentina implicará un nivel de ingresos tributarios menor al presupuestado y probablemente, al previsto en el acuerdo con el FMI.
En ese contexto, poder reducir el déficit fiscal a los niveles establecidos en esos documentos sería una hazaña que linda con la utopía.

Esto no quiere decir que no sea necesario dar una batalla en el campo de la evasión fiscal, pero fundamentalmente será necesario revisar las prioridades de gasto.

En otro plano, una economía creciendo apenas el 2% anual no deja espacio para esperar en 1999 una corrección en la tasa de desocupación.
La tendencia es, en todo caso, a un incremento según evolucione el nivel de actividad.

3. La principal lección es que la prudencia siempre paga buenos dividendos.
Equilibrio fiscal, sistemas financieros sólidos y un enfoque contracíclico de las políticas públicas -para atenuar que la expansión del gasto interno produzca una vulnerabilidad externa significativa debida a un alto porcentaje de participación del ahorro externo- a la larga ayudan a capear las crisis.


Dr. Adolfo Sturzenegger

1. En 1998 la economía se comportó sin mayores problemas a lo largo del primer semestre del año.
Creció en esta primera mitad del año al 7,0%, o sea manteniendo la alta tasa de crecimiento que experimentó en 1997.
Esta buena performance pudo concretarse a pesar de que ya para ese momento nuestra competitividad externa estaba debilitada, en particular en función de la fuerte caída que tuvieron los precios en dólares de las llamadas “commodities”.

Sin embargo, la situación se deterioró visiblemente a lo largo de este segundo semestre.
Las dificultades se originaron en que ahora al problema que planteaban los precios de “commodities”, se le acopló un fuerte deterioro de la situación financiera.
La crisis internacional se profundizó fuertemente durante el tercer trimestre, cuando cundió un gran pesimismo acerca de la posibilidad de Japón de superar su proceso recesivo y cuando colapsó el rublo y se produjo el “default” ruso.
Esto repercutió muy negativamente sobre nuestra evolución financiera, tanto que nuestra tasa de riesgo-país medida por el bono Par alcanzó los 1.500 p.b., nuestra tasa “prime” alcanzó el 19,0%, y se estancó el crecimiento de los depósitos y créditos bancarios.
Si bien la situación financiera mejoró claramente en el trimestre que estamos transcurriendo, está todavía bastante lejos de la existente antes de la crisis.

El efecto combinado de la menor competitividad y del deterioro de las variables financieras ha repercutido muy negativamente sobre el nivel de actividad económica en este segundo semestre.
Los datos para el tercer trimestre arrojan una caída desestacionalizada con relación al segundo del 3,6%, y estamos estimando para el cuarto trimestre una caída adicional del 1,7% con relación al tercero.
Nuestra estimación para este año es de una tasa de crecimiento del 3,8%.

2. Para el próximo año tenemos pronósticos que resultan pesimistas u optimistas, según se observe el crecimiento de la economía entre promedios o entre puntas.
Proyectamos la tasa de crecimiento entre promedios para 1999 en el 0,4%.
Esta tasa baja se explica principalmente por la fuerte caída ya comentada en la segunda mitad de 1998, ya que la misma le da al próximo año un muy bajo punto de partida.
Debe tenerse en cuenta que la misma tasa entre promedios que se utilizó en el presupuesto nacional es de 4,8%, y que el gobierno está hoy estimando una tasa de entre 2,0% y 3,0%.
Un problema serio que plantea nuestra estimación es el fiscal, ya que al pronosticar los ingresos públicos totales a nivel nacional dada la proyección del 0,4%, los mismos crecerían sólo el 1,3%.
Esta estimación tiene en cuenta los efectos de la reforma tributaria recientemente aprobada y la baja de aportes patronales prevista.
Con ese crecimiento de los ingresos fiscales, tomando las proyecciones de gastos públicos incluidas en el presupuesto nacional, el déficit global ascendería a 4.700 millones, muy por encima de la posible meta del convenio con el FMI.
Esto exigiría o bien replantear esa meta, o no poder bajar los aportes patronales como está previsto, o bajar los gastos públicos presupuestados.

Pasando ahora a la visión optimista, nuestro pronóstico anterior de crecimiento del 0,4%, es consistente con un crecimiento entre puntas en 1999 mayor al 5,0%.
Este crecimiento estaría basado en la mejor situación financiera para el próximo año y en un no descalabro de la situación económica de Brasil.

3. La crisis nos impactó fuerte a través de dos canales.
Uno es la baja del precio de “commodities”.
Esto se debe a que nuestras exportaciones tienen una estructura donde esos productos tienen una proporción exageradamente alta, más del 60%.
Esto sólo se resolverá abriendo mucho más la economía.
Si exportamos poco sólo exportaremos “commodities”, y para exportar mucho hay que importar mucho.
O sea, gran apertura económica.
El otro canal fue el fuerte deterioro financiero por los fenómenos de contagio, en especial el derivado de los ataques especulativos a Brasil.
Aquí tenemos dos cursos de acción aconsejables: uno, acentuar nuestra solidez fiscal, cambiaria y financiera, para mejorar nuestra inmunidad; la otra, exigir a nuestro socio en el MERCOSUR, un manejo macroeconómico más satisfactorio, aún a costa de correr el riesgo de desarmar el acuerdo comercial regional.