Sector Agropecuario
Situación
Una nueva cosecha salvadora
Aunque en esta oportunidad parecía muy improbable, al menos para el corto plazo, volvió a verificarse que en el quehacer agropecuario, en principio tarda más en salir una resolución oficial que una situación en acomodarse gracias a factores externos.
Se espera una excelente cosecha de trigo, cuya cotización no descendería de u$s 110 la tonelada, ni siquiera en los meses de menor retención del producto. Nuevamente Brasil sería el principal destino del cereal pero con un piso de precios más elevado y con una demanda fortalecida. En efecto, ajustes en las estimaciones de producción y saldos finales vaticinados por el USDA condujeron a una suba de los granos en general y de la soja en particular. En maíz se espera una disminución de las cosechas de China y de los Estados Unidos, a la que se agregan problemas de aceptación por parte del Japón de la variedad Starlink, producida por Estados Unidos, pasible de ser reemplazada por maíz argentino.
Para la soja, los pronósticos de producción estadounidense se corrigieron de más de 80 millones de toneladas a 75,6 millones. Pero tal vez, con perspectiva de futuro, el factor alcista más importante de la soja radique en los nuevos brotes de la enfermedad de la "vaca loca" que se registraron en Europa. Dicha enfermedad tiene como origen la utilización como alimento del ganado de harinas animales, de elevado contenido proteico. El rebrote de la enfermedad ha producido un efecto demoledor sobre el consumo de carne vacuna, con caídas de entre el 40 y el 60 % y un retorno masivo al consumo de carne porcina y, en menor medida, aviar.
En este contexto, los quince ministros de Agricultura de la Unión Europea decidieron prohibir las proteínas animales para la alimentación del ganado durante al menos seis meses, salvo las harinas elaboradas a base de pescado. Como era de esperar, el gobierno francés dispuso una ayuda extraordinaria para atenuar las pérdidas provocadas por el mal y acompañar los procesos de reconversión necesarios para combatirlo.
Los sustitutos naturales de las harinas de origen animal son los granos, especialmente los oleaginosos y, entre ellos la soja por su elevado contenido proteico. Obviamente el Mercosur pasaría a ser un importantísimo proveedor, a precios que tienden a fortalecerse. Por una parte, es necesario tener en cuenta que la harina de soja es un subproducto de la molienda del grano en la producción de aceite. Y es de aceites de distintos orígenes, tanto geográficos como varietales, que el mercado internacional se halla saturado, con precios en descenso. La obtención de más harina implica, automáticamente la de más aceite.
Una opción innovativa: el biodiesel.
Frente a esta situación de sobreoferta de aceites surge una posibilidad ya probada en otros países, en forma pura o combinada con combustibles tradicionales en distintas proporciones, cual es la producción de biocombustibles cuya principal ventaja es el cuidado ambiental al no producir el “efecto invernadero”, al tiempo que implica la utilización de un producto desvalorizado en el presente. En el marco del Mercosur, Brasil es el único productor de etanol, el que es usado puro o mezclado con gasolina natural. De hecho, cabe destacar la existencia de un consorcio local que ha tomado la iniciativa de proyectar una planta a ser instalada en Tres Arroyos para producir combustible a partir de girasol, solicitando apoyo crediticio al Banco Mundial, tal como prevé el protocolo de Kioto sobre medio ambiente, por tratarse de una iniciativa no contaminante.
Dos cuestiones relevantes se plantean frente a esta opción, ambas vinculados con la rentabilidad. Por un lado, se espera la obtención de un producto capaz de competir con los de origen fósil, para lo que la incidencia impositiva debería ser nula o cercana a cero. En el proceso de sustitución de un combustible por otro y si el de origen vegetal no sufriera gravámenes, se produciría una merma en los ingresos del fisco. Por otro, los elevados precios de los combustibles tradicionales generan fácilmente márgenes de rentabilidad, sobre todo cuando se trata de sustituir un bien caro - nafta, gasoil, etc - por otros devaluados, como en las actuales circunstancias el aceite. La duda radica en si se invirtieran los términos.
El otro factor a tener en cuenta en el optimismo con el que algunos sectores observan el eventual incremento del precio de la soja como consecuencia del mal de la vaca loca, es el proceso de depreciación que está sufriendo la carne vacuna. En efecto, cuando el consumidor europeo teme su consumo, no repara en el origen de la carne ofrecida. En esta ocasión es que se pone de relieve con toda claridad el perjuicio ocasionado por la falta de sanción a la Ley de Promoción de Carnes, proyecto que existe hace más de cuatro años y que aún no ha podido ser puesto en ejecución por una lucha, que ahora aparece en toda su pequeñez, acerca del manejo de los fondos. Su vigencia hubiera permitido una cabal difusión de la calidad y de las condiciones sanitarias de la carne argentina, ganando la confianza de un importante sector del público consumidor. En las actuales circunstancias, son apenas $ 300.000 los que la SAGPyA está en condiciones de aportar para paliar los efectos de la no discriminación de origen y calidad.
Inexplicable decisión
Por decreto 1104/2000 se disolvió el INASE, transfiriéndose su personal y funciones a la SAGPyA. Esta decisión ha provocado una reacción contraria por parte de las entidades representativas del sector y sobre todo de la Asociación Semilleros Argentinos. La Federación Agraria Argentina sostuvo que el hecho “...implica una actitud de sorprendente e inquietante irracionalidad porque el INASE es un ente de alta eficiencia, que no sólo no demanda gastos a la administración pública, sino que aporta recursos al Estado”.
Perspectivas