Economía Internacional

Situación


Fuerte baja de las tasas de interés en EE.UU.

El 3 de enero pasado el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) disminuyó de 6,5% a 6% anual la tasa de interés para los préstamos interbancarios a 24 horas, que constituye la principal herramienta de la política monetaria estadounidense y resulta clave para influir sobre los niveles de actividad y de precios.

Para adoptar esa medida, el titular de la FED utilizó su atribución de hacerlo cuando lo considere necesario, aunque no esté programada una reunión del Comité de Mercado Abierto de la Reserva. Esta particularidad da una idea aproximada de la seria preocupación sobre el peligro de una recesión económica.

En su prevista reunión del 31 de enero dicho Comité repitió la medida, llevando la tasa interbancaria a 5,5% anual, acumulando así un excepcional descenso de un punto porcentual en sólo un mes. Asimismo, anticipó que de considerarlo necesario, adoptará nuevas medidas en esa dirección.

Tras dos días de reunión, la FED expresó en un comunicado que “la confianza de los consumidores y las empresas se ha erosionado, lo que se ha sumado al creciente costo de la energía, que ha disminuido el poder adquisitivo y los márgenes de ganancia de los negocios”.

De acuerdo a lo tradicionalmente observado, el efecto de la medida consiste en una reducción de igual magnitud en la tasa preferencial (“prime rate”) de los préstamos que efectúan los bancos comerciales. Dicha tasa actúa como tasa de interés de referencia para la mayoría de los diversos tipos de préstamos.

Entre otros factores, los temores ante una posible recesión están basados en la desaceleración ya observada en el nivel de actividad económica. Si bien en 2000 la economía estadounidense creció 5,0% -el mayor aumento desde el 7,3% de 1984-, la tasa de incremento interanual del PIB en el último trimestre del año bajó a sólo 1,4%, la menor suba de los últimos cinco años.

Nuevas preocupaciones sobre la recuperación en Japón

Después de haber mostrado en 2000 una recuperación, luego de aproximadamente una década de cuasi estancamiento, la economía japonesa mostró últimamente aspectos preocupantes.

Las fuertes reducciones del índice bursátil Nikkei resultan significativamente negativas, al renovar el temor por la fragilidad de los bancos, que cuentan con las ganancias no realizadas en la bolsa como parte de su capital.

El marco general en el que se inscriben las variaciones coyunturales está dado por la tendencia de los últimos años exhibida, si bien lentamente, por Japón desde una estructura económica regulada y basada en la industria, hacia una más competitiva y apoyada en los servicios y las tecnologías informáticas.

Las consiguientes reestructuraciones de las empresas, acompañadas de reducciones salariales y de puestos de trabajo, aumentaron sus ganancias y elevaron la tasa de desocupación. En consecuencia, la redistribución del ingreso y las perspectivas laborales tienden a desalentar el consumo, observándose en los últimos meses una renovada deflación, con reducción de los precios internos minoristas (-1% en 2000) y mayoristas.

A este cuadro se ha agregado la desaceleración de la economía de Estados Unidos, que podría afectar las exportaciones japonesas -que ya han mostrado una baja-, si bien éstas equivalen a sólo un 10% del PIB. En este contexto existe mucha desconfianza sobre la continuidad del dinamismo de la inversión, que estimulada por la reestructuración empresarial había constituido un importante motor de la recuperación del PIB (de 0,8% en 1999 y 2% en 2000).

A su vez, la deflación incrementa el valor real de las deudas -habiendo ya aumentado las quiebras-, lo cual afecta a los bancos, que por tanto, han mostrado una inusual resistencia a efectuar préstamos a las pequeñas empresas.

También se ha verificado ya una lenta disminución de la inversión, influenciada en parte por haberse agotado los presupuestos de mediados y fines de los años 90, que incluyeron grandes obras públicas, estimulando la recuperación económica con la receta keynesiana.


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