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Como en los demás ámbitos de negociación, las cuestiones
ambientales, y particularmente las relacionadas con el cambio climático, se ven
atravesadas por temas ajenos pero vinculados por la complejidad que implica jugar en el
tablero internacional. Tomar una postura, o tener el deseo de contribuir con el
mejoramiento del medio ambiente a largo plazo, no puede analizarse en forma separada de
los efectos colaterales de las medidas de mitigación. Las políticas nacionales tienen
efectos sobre el ámbito internacional y éste a su vez actúa como un corsé para las
decisiones domésticas y para los sectores industriales altamente contaminantes.
Más allá de la vinculación entre políticas ambientales y comerciales, el nudo de las
negociaciones para alcanzar resultados concretos pasará por la decisión de entrar o no
en un esquema de cooperación internacional, afrontando los beneficios y costos que
implican dichas medidas.
En este contexto, resultará imprescindible para los países en desarrollo lograr que el
régimen internacional de respuesta al cambio climático no derive en restricciones
encubiertas al comercio y no agrave las asimetrías económicas prevalecientes. El
desafío de la comunidad internacional de cara a las negociaciones de Copenhague será
hacer frente al cambio climático sin comprometer el desarrollo sustentable, principio
rector que deberá guiar las negociaciones.
Asimismo, en las negociaciones hacia Copenhague deberá tenerse en cuenta que
probablemente en respuesta a las medidas de mitigación con efectos comerciales de los
países desarrollados en el futuro, los países en desarrollo podrían adoptar medidas
relacionadas con el comercio. Ello podría llevar a una guerra comercial y una represalia
cruzada que no sería positiva con relación a los principios y objetivos del sistema
multilateral de comercio. En consecuencia, se ¨gatillarían¨ las disputas en el sistema
de solución de diferencias de la OMC, lo cual, dada la falta de casos hasta la actualidad
relativos a medidas de mitigación de cambio climático con efectos comerciales, tendría
resultados inciertos.
Por otro lado, debido a que los países en desarrollo no cuentan con el acceso a las
tecnologías avanzadas y de punta de los países desarrollados -necesarias para reducir
las emisiones en su proceso de producción- las exportaciones de los países en desarrollo
serán las más afectadas por las medidas de respuesta comerciales.
En este contexto, será necesario establecer un acuerdo entre los países desarrollados y
los países en desarrollo para que estos últimos reciban transferencia de tecnología y
de recursos a fin de alcanzar los objetivos globales de reducción de las emisiones. Las
emisiones históricas, que datan desde la revolución industrial, corresponden a los
países del hemisferio norte, por lo que, como se ha plasmado en la Convención Marco de
las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), tienen mayores responsabilidades
en la materia.
De los países desarrollados, la Unión Europea ha tomado el liderazgo en materia
ambiental. Desde hace varios años que viene implementando políticas unilaterales y está
dispuesta a profundizar aún más el esquema de reducción si es que otros actores van por
el mismo camino.
Estados Unidos actuó igual que en otros temas de trascendencia internacional, dejando que
otros actores se muevan primero para luego establecer la política nacional. Recién en la
nueva administración de Barack Obama la cuestión ambiental se convirtió en tema de
prioridad política y en uno de los ejes centrales de la campaña electoral. Actualmente
el Congreso está debatiendo el Acta de Energía Limpia y Seguridad, que puede o no
convertirse en ley antes de la reunión de Copenhague. Si bien existieron proyectos
legislativos previos, esta es la primera vez que posiblemente el Acta se convierta en ley
y tenga efectos extraterritoriales a través de instrumentos de la política comercial.
Estos instrumentos afectarían en particular a la importación de bienes provenientes de
países que no cuenten con los mismos estándares ambientales que Estados Unidos o que no
formen parte de un eventual acuerdo internacional.
Con o sin cooperación y al margen de que en Copenhague se logre un acuerdo para una
instrumentación efectiva, plena y sostenida de la Convención, es muy probable que los
temas ambientales vinculados con el comercio se terminen dirimiendo en el marco de la OMC.
Además, como la mayor parte de los países participan de este ámbito, los países en
desarrollo deberán estar atentos a que con el argumento de la defensa de la
competitividad y de evitar el efecto de la fuga de carbono, los países desarrollados
impongan aranceles al carbono o acciones equivalentes.
De todas maneras, varios países en desarrollo han tomado acciones apropiadas de
mitigación y de uso eficiente de la energía y de otros recursos. Como común
denominador, se puede decir que los principales actores internacionales están firmemente
comprometidos con el ambiente, pero como es bien sabido, no todos tienen los mismos
recursos ni las tecnologías necesarias para avanzar en un cambio radical de proceso
productivo. Es allí donde en función de las responsabilidades históricas, del principio
de responsabilidades comunes pero diferenciadas y de equidad, será clave la cooperación
y la transferencia de tecnología y de recursos financieros por parte de los países
desarrollados hacia los países en desarrollo para modificar el actual esquema de emisión
de gases de efecto invernadero, y para lograr el desarrollo sustentable.
(1) Extracto del trabajo de Julia Hoppstock, Cecilia Pérez Llana, Eduardo
Tempone y Carlos Galperín, Serie de Estudios Nº 13 del Centro de Economía Internacional
(CEI), Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Buenos Aires,
octubre de 2009. |
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